-
¡Ah, eres tú!
-
¿No estás en la cama?
-
Todavía tienes toda la ropa puesta
-
como si pensaras ir a otro baile.
-
¿Qué ocurre?
-
Ven, déjame ver.
-
Bueno, cuéntame...
-
¿Qué pasó esta noche?
-
¿En serio?
-
Sin duda, tienes demasiado entusiasmo
como para dormir.
-
Bien, déjame encargarme de todo
-
y pronto estará todo listo
-
para que entres
a la tierra de los sueños.
-
¿Por qué no te acomodas primero?
-
Justo allí hay una mampara
-
por si quieres cambiarte
-
y ponerte algo más cómodo.
-
Sí, puedo ayudarte
con los botones de la espalda.
-
Déjame ver...
-
Y, uno,
-
dos,
-
tres,
-
cuatro,
-
y cinco,
-
¿Crees que puedes quitártelo
-
sin ayuda ahora?
-
Bien.
-
Solo dame tus prendas
-
y las doblaré con cuidado por ti.
-
¿Sí?
-
Y aquí están.
-
Estás usando un poco de maquillaje, ¿no?
-
Me alegra ver
que hayas seguido mis consejos.
-
te queda precioso,
-
en especial, esas mejillas rosadas.
-
¿Pero es realmente maquillaje?
-
Ya veo.
-
Debes de haber iluminado
el salón esta noche.
-
Pero no debes ir a dormir con eso puesto.
-
¿no?
-
Aquí tengo un tónico fantástico
de manzanilla y lavanda
-
que hace maravillas.
-
Bien, espérame un momento.
-
Primero usaremos esto
-
y luego veremos si tu piel
-
necesita algo más.
-
Empecemos por la piel,
-
la frente.
-
Estoy quitando el polvo de arroz.
-
Las mejillas...
-
El mentón....
-
La nariz...
-
Bien.
-
Y ahora, los ojos.
-
Los labios.
-
¿Usaste jugo de remolacha?
-
El mejor color.
-
Muy bien,
-
y ahora las cejas.
-
Bien.
-
Perfecto.
-
Ya no queda nada,
-
excepto tu belleza natural.
-
Pero tu piel se ve un poco seca.
-
Quizá...
-
Quizá el agua de avena te haga bien
-
y prevenga la picazón que quizá sientas
-
de vez en cuando, ¿verdad?
-
Justo aquí tengo preparado un poco
-
que esta noche no usé.
-
Bien, un segundo.
-
Bueno, aquí vamos.
-
Este va a ser
-
un poco más frío, pero no habrá problema.
-
Humectará tu piel
-
y la dejará suave y lisa.
-
La textura es bastante linda, ¿no?
-
Un poco parecida a una crema ligera.
-
Frente...
-
Mejilla...
-
Nariz...
-
Mentón...
-
La otra mejilla...
-
Y...
-
un poco en el cuello también.
-
Perfecto.
-
Por último, podríamos usar
un poco de aceite de almendras común
-
para que te quede
una sensación placentera en el rostro
-
que penetrará en la piel
-
mientras me ocupo de tu cabello.
-
¿Qué te parece?
-
Bien.
-
Hace tiempo que no lo uso.
-
¿Cuál es?
-
Aquí,
-
solo un poquito.
-
Y verás que en la mañana
-
sentirás una frescura
y estarás a punto para empezar el día.
-
¿Y quizá un encuentro romántico?
-
Solo un poquito,
-
no demasiado.
-
Bien.
-
Muy bien.
-
Pero de ninguna manera vas a ir a dormir
-
con ese peinado tan elaborado.
-
¿Lo hiciste tú?
-
Ya veo.
-
Bueno, empecemos quitando las horquillas.
-
A ver...
-
Bien.
-
Y estas dos peinetas hermosas.
-
Bien.
-
Ahora, cepillémoslo bien
-
así no se te forman
más nudos durante la noche.
-
Empecemos por atrás.
-
Ahora, este costado.
-
Y el otro...
-
Perfecto.
-
¿Te gustaría que tu cabello
-
tenga rulos a la mañana?
-
Si es así, podría usar tiras de tela
-
como las mías.
-
Me quedan algunas,
-
y están hechas de seda,
-
entonces son muy cómodas para dormir.
-
Podría ponerte
-
tres en cada lado de la cabeza
-
y los rulos enmarcarán tu rostro
-
de la forma más encantadora.
-
Bien.
-
Y aquí vamos.
-
En este lado.
-
Bien.
-
Ahora, trencemos el resto de tu cabello.
-
Y...
-
Uno,
-
dos
-
y tres mechones.
-
Agreguemos un moño.
-
Bien, ya está todo listo,
-
y parece que tienes un poco de sueño.
-
No te caigas en las escaleras.
-
¿Te gustaría que te acompañe a tu cuarto?
-
Muy bien, déjame traer una vela.
-
Aquí,
-
¿Está cómodo?
-
¿Quieres algo de beber?
-
Puedo traerte
chocolate caliente si quieres,
-
recién hecho.
-
Muy bien, ya vuelvo.
-
Aquí está.
-
Sí, puedo quedarme un momento si quieres,
-
hasta que te duermas.
-
¿Qué es esto?
-
Parece interesante. ¿Puedo?