Me enteré del terremoto de Haití a través de Skype.
Mi esposa me envió un mensaje:
"¡Terremoto!"
y luego desapareció durante 25 minutos.
Fueron 25 minutos de absoluto terror
el que sintieron miles de personas en EE.UU.
Yo tenía miedo de un tsunami.
Lo que no me di cuenta
era que había un terror mayor en Haití:
el desplome de los edificios.
Todos hemos visto fotos
de edificios derrumbados en Haití.
Estas son fotos que tomó mi esposa
un par de días después del sismo
mientras yo iba camino al país por República Dominicana.
Este es el Palacio Nacional,
el equivalente de la Casa Blanca.
Este es el supermercado más grande del Caribe
en el momento de mayor venta.
Este es un colegio de enfermería.
Hay 300 enfermeras estudiando.
Al lado, el Hospital General
intacto en gran parte.
Este es el Ministerio de Economía y Finanzas.
Todos hemos escuchado
de la tremenda pérdida de vidas humanas
en el terremoto de Haití.
Pero no lo suficiente
sobre la causa de esa pérdida.
No hemos oído de las causas
de la falla edilicia.
Después de todo, fueron los edificios,
no el terremoto,
lo que mató a 220.000 personas,
lo que hirió a 330.000,
lo que desplazó a 1,3 millones de personas,
lo que dejó sin comida,
agua y suministros
a una nación entera.
Este es el mayor desastre de área metropolitana
en décadas.
Y no fue un desastre natural.
Fue un desastre de ingeniería.
AIDG ha trabajado en Haití
desde 2007,
brindando apoyo en ingeniería y negocios
a las pequeñas empresas.
Después del sismo comenzamos a llevar ingenieros en terremotos
para averiguar las causas de los derrumbes
para examinar lo que estaba a salvo y lo que no.
Trabajando con la MINUSTAH,
la misión de la ONU en Haití,
con el Ministerio de Obras Públicas,
con distintas ONG's,
inspeccionamos más de 1.500 edificios.
Inspeccionamos escuelas
y residencias privadas.
Inspeccionamos centros médicos
y almacenes de alimentos.
Inspeccionamos edificios gubernamentales.
Este es el Ministerio de Justicia.
Detrás de esa puerta
está el Archivo Nacional de la Magistratura.
El compañero de la puerta, Andre Filitrault,
es director
del Centro para la Investigación Interdisciplinaria en Ingeniería Sísmica
de la Universidad de Buffalo;
estaba examinando para ver si era seguro
recuperar los archivos.
André me contó
luego de ver estas fallas edilicias
una y otra vez de la misma manera
que aquí no hay nada nuevo.
No hay nada que no sepamos.
Las fallas estructurales eran las mismas:
paredes y losas no encolumnadas apropiadamente;
esa losa del techo cuelga del edificio;
estructuras voladizas,
o estructuras asimétricas,
que se sacudieron violentamente y cayeron;
malos materiales de construcción;
el hormigón no era suficiente;
la compresión de los bloques no era suficiente;
barras de refuerzo lisas;
barras de refuerzo expuestas a la intemperie y oxidadas.
Ahora bien, hay solución
para estos problemas.
Sabemos construir correctamente.
Prueba de esto es lo sucedido en Chile
apenas un mes después
cuando un sismo de magnitud 8,8
afectó a Chile.
Eso es 500 veces
la potencia de 7,0
que afectó a Puerto Príncipe;
500 veces la potencia,
no obstante, produjo menos de mil víctimas.
Ajustado a la densidad de población,
eso es menos del 1%
del impacto del sismo haitiano.
¿Cuál fue la diferencia
entre Chile y Haití?
Normas anti-sísmicas
y mampostería confinada
en la que el edificio actúa como un todo;
paredes, columnas,
techos y losas
amarrados para apoyarse mutuamente,
en vez de quebrarse en partes separadas y caer.
Si miran este edificio de Chile
está partido al medio
pero no se redujo a escombros.
Los chilenos han construido con mampostería confinada
durante décadas.
En este momento, AIDG está trabajando con KPFF Ingenieros Consultores,
Arquitectura para la Humanidad,
para capacitar más en mampostería confinada
en Haití.
Este es Daniel Xantus.
Es albañil,
un trabajador de la construcción, no un capataz,
que recibió una capacitación.
En su último empleo él estaba trabajando con su jefe
y comenzaron a construir mal las columnas.
Llevó a un lado a su jefe
y le mostró los materiales de mampostería confinada.
Le mostró: "No tenemos por qué hacerlo mal.
No nos va a costar más
hacerlo bien".
Y reconstruyeron el edificio.
Pusieron bien las barras de refuerzo.
Construyeron bien las columnas.
Y ese edificio será seguro.
Y cada edificio
que construyan en adelante
será seguro.
La seguridad de estos edificios
no va a implicar política;
va a requerir una llegada
a los albañiles en el terreno
y ayudarles a aprender técnicas adecuadas.
Ahora hay muchos grupos haciendo esto.
Y el compañero del chaleco,
Craig Toten,
ha propuesto
documentar el trabajo de los grupos que están haciendo esto.
Mediante Haití Rewired,
Build Change, Arquitectura para la Humanidad,
AIDG,
existe la posibilidad
de llegar a
30.000 ó 40.000 albañiles
en todo el país
y crear un movimiento de buenas construcciones.
Si se tiene llegada a la gente en el terreno
de esta manera colaborativa
es muy asequible.
De los miles de millones gastados en la reconstrucción,
se puede capacitar a los albañiles
por unos dólares en cada casa
y terminarán construyendo así toda la vida.
En definitiva, hay dos maneras
de reconstruir Haití:
la manera de arriba
es como se ha hecho durante décadas.
La manera de arriba
es un edificio mal construido
que va a fracasar.
La manera de abajo es la construcción con mampostería confinada,
donde las paredes están amarradas entre sí,
el edificio es simétrico,
y hará frente a un terremoto.
En los casos de desastre
hay una oportunidad
de construir mejores casas
para la siguiente generación,
para que cuando venga el próximo terremoto
sea un desastre
pero no una tragedia.
(Aplausos)