Damas y caballeros, por favor denle una cálida bienvenida a la siguiente oradora, la señora Ellen Rutledge. (Aplausos) Me llamo Ellen Rudtledge. Trabajo aquí, en la Prisión estatal de Ironwood, como secretaria del Jefe adjunto de guardias, el señor Neil McDowell. Como la mayoría, siempre imaginé que mi familia sería bendecida con una feliz y larga vida juntos. Pero Dios no incluyó eso en nuestro plan de vida. La mañana del 22 de octubre de 2008, nuestras vidas cambiaron trágicamente para siempre. A las 4:30 de la mañana, aproximadamente, mi único hijo, Michael, salió de su casa, preparándose para irse a trabajar. Mientras cargaba su camioneta, se le acercaron dos ladrones armados que llevaban pasamontañas. Fue brutalmente golpeado. Recibió un disparo fatal en la cabeza, tipo ejecución, mientras estaba sobre sus manos, agachado. La única cosa material que esos ladrones tomaron fue su billetera. En el momento de su asesinato, Michael tenía 35 años. Esta foto fue tomada tan solo unos meses antes de ser asesinado. Él y su esposa llevaban 13 años casados; tenían dos hijos pequeños. Tenían su propia casa en un lindo vecindario, y estaban viviendo lo que todos llamamos "el sueño americano". Cuando me dijeron que mi hijo había sido asesinado, comenzó mi largo recorrido por una montaña rusa emocional. Pasaba de estar escéptica, a negociar con Dios, y muchas noches de dolor y desesperación. Verás, como madre, es mi instinto natural solucionar cualquier problema que mis hijos puedan tener. Pero no podía arreglar este. Hasta el día de hoy, todavía me cuesta entender cómo a una familia le puede ocurrir algo tan imperdonable. Pero ocurre. Una de las cosas más difíciles que se nos pide a los seres humanos es responder a la maldad con amabilidad, y perdonar lo imperdonable. Nos encanta leer historias y ver películas donde las personas responden al odio con amor. Sin embargo, cuando eso mismo se nos pide, nuestra reacción por defecto es de ira, amargura o venganza. Si no practican el perdón, es probable que les cueste muy caro. Así que, lo más amable que pueden hacer por ustedes mismos es perdonar lo imperdonable. Lewis B. Smedes, profesor, y autor de muchos libros conocidos, incluyendo "Perdona y Olvida", dice: "Perdonar es liberar a un prisionero, solo para descubrir que el prisionero eras tú". Desde el asesinato de mi hijo en el 2008, he atravesado miles de caminos emocionales, buscando responder a la pregunta: ¿Puedo o podré alguna vez perdonar a esos dos jóvenes que decidieron matar a mi hijo, en lugar de solo robarle su billetera y marcharse? Ninguna respuesta racional jamás me ha dado el consuelo que busco. En los últimos cinco años, he dejado de andar por el camino de pura angustia, y he tomado el camino lateral de la aceptación. He buscado mi alma una y otra vez, y he descubierto que ya no me veo como una víctima, sino como una mujer fuerte, positiva y resiliente. Les aseguro, todos tenemos la habilidad de perdonar. Pero puede que no suceda de una sola vez. A veces se da por etapas. A veces debemos perdonar a alguien muchas veces para poder deshacernos del residuo emocional del pasado. Podemos inspirarnos con las palabras de Nelson Mandela, que fue encarcelado por 27 años por el gobierno sudafricano. Dijo: "Al salir por la puerta rumbo a mi libertad, supe que si no dejaba toda mi ira, odio y resentimiento atrás, todavía estaría en prisión". Entonces, ¿cómo sabemos si hemos logrado perdonar? Si han seguido los pasos para recuperar la paz en su corazón, sentirán un cambio. Ya no sentirán pena por lo sucedido. Ya no se sentirán enfadados con esa persona. En cambio, sentirán pena por ellos. Y tenderán a no tener más nada que decir de lo sucedido, jamás. Se sentirán más livianos, y sabrán en su corazón que se dieron el mejor regalo a ustedes mismos. Gracias. (Aplausos)