Mi historia trata un poco sobre la guerra.
Trata de desilusión.
Trata de la muerte.
Y trata de redescubrir
el idealismo
entre todos esos escombros.
Y quizá también, hay una lección
acerca de cómo lidiar con
nuestro enredado, fragmentante
y peligroso mundo del siglo 21.
No creo en relatos sencillos.
No creo en una vida o historia escrita
en que la decisión A tuvo la consecuencia B
que a la vez llevó a la consecuencia C;
estas historias ordenadas que nos presentan,
y que tal vez alentamos unos a otros.
Creo en el azar,
y una de las razones por las que creo eso
es que terminé siendo un diplomático por el azar.
Soy daltónico.
Nací incapaz de ver casi todos los colores.
Por eso casi siempre me visto de gris y negro,
y tengo que llevar a mi esposa conmigo
para elegir ropa.
Y siempre quise ser un piloto de combate cuando era niño.
Me encantaba ver los aviones volar rápido sobre
nuestra casa de vacaciones en el campo.
Y mi sueño de infancia era ser piloto de combate.
E hice las pruebas en la Royal Air Force para convertirme en piloto
y, como era de esperar, no pasé.
No pude ver todas las distintas luces parpadeando
y no puedo distinguir entre los colores.
Así que tuve que elegir otra carrera
y esto era en realidad relativamente fácil para mí,
porque tuve una pasión duradera durante toda mi infancia,
que eran las relaciones internacionales.
Cuando era niño
leía el periódico a fondo.
Me fascinaba la Guerra Fría,
las negociaciones de tratados INF
sobre los misiles nucleares de alcance intermedio,
la guerra de poder entre la Unión Soviética y EE.UU.
en Angola o Afganistán.
Estas cosas realmente me interesaban.
Así que decidí a una edad bastante temprana
que quería ser un diplomático.
Y yo, un día, le anuncié a mis padres
-y mi padre niega esta historia hasta hoy-
le dije: "Papá, quiero ser diplomático".
Y se dio vuelta hacia mí y dijo,
"Carne, tienes que ser muy inteligente para ser un diplomático."
(Risas)
Y mi ambición quedó sellada.
En 1989,
entré en el Servicio de Relaciones Exteriores británico.
Ese año, 5 mil personas postularon para ser diplomáticos,
y 20 de nosotros lo logramos.
Y como los números sugieren,
me instalaron en un fascinante y estimulante
mundo de élite.
Ser un diplomático, en ese entonces y ahora,
es un trabajo increíble y amé cada minuto.
Disfruté el status del trabajo.
Me compré un buen traje y usaba zapatos con suela de cuero
y me deleitaba con
este acceso increíble que tenía para acontecimientos mundiales.
Viajé a la Franja de Gaza.
Dirigí el equipo del proceso de paz de medio oriente
en el Ministerio de Relaciones Exteriores británico.
Escribía los discursos
para el Secretario de Relaciones Exteriores británico.
Conocí a Yasser Arafat.
Negocié con los diplomáticos
de Saddam en la ONU.
Posteriormente, viajé a Kabul
y trabajé en Afganistán tras la caída de los talibanes.
Y yo viajaba
en un transporte C-130
y visitaba a los jefes guerrilleros
en refugios de montaña
y negociaba con ellos
acerca de cómo íbamos a erradicar a Al Qaeda de Afganistán,
rodeado de mi escolta de Fuerzas Especiales,
quienes, a la vez, tenían que tener un pelotón de escoltas de Royal Marines,
dado que era tan peligroso.
Y eso fue emocionante. Eso fue divertido.
Fue verdaderamente interesante.
Y es un grandioso grupo de personas,
una comunidad increíblemente unida de personas.
Y, al final, el pináculo de mi carrera
fue cuando me enviaron a Nueva York.
Había estado ya en Alemania, Noruega,
en varios otros lugares,
pero me enviaron a Nueva York
para formar parte de la delegación británica del Consejo de Seguridad de la ONU.
Y mi responsabilidad era el Medio Oriente,
lo cual era mi especialidad.
Y allí, tuve que lidiar con cosas
como el proceso de paz en Medio Oriente,
el problema de la bomba del Lockerbie
-podemos hablar de eso después si quieren-
pero sobre todo, mi responsabilidad era Irak
y sus armas de destrucción masiva
y las sanciones impuestas a Irak
las cuales los obligaban a desechar estas armas.
Yo era el negociador británico en jefe
en esta área,
así que estaba profundamente informado del tema.
Y, de todos modos,
mi asignación; era como una época muy emocionante.
Quiero decir que era diplomacia muy dramática.
Pasamos por varias guerras
durante mi estadía en Nueva York.
Negocié por mi país
la resolución en el Consejo de Seguridad
del 12 de septiembre del 2001
condenando los atentados del día anterior
que nos eran, por supuesto, profundamente impactantes
para nosotros que vivíamos en Nueva York en ese momento.
Así que fue una experiencia tipo
el mejor de los tiempos, el peor de los tiempos.
Yo vivía la buena vida.
A pesar de que trabajaba largas horas,
vivía en un penthouse en Union Square.
Era un diplomático británico soltero en Nueva York;
pueden imaginarse cómo lo pasaba.
(Risas)
Lo pasé bien.
Pero en 2002,
cuando mi estadía llegó a su fin,
decidí que no iba a volver
al trabajo que me esperaba en Londres.
De hecho, decidí tomar un año sabático
en la New School en Bruce.
De alguna manera incipiente, incapaz de expresar,
me di cuenta que algo andaba mal
con mi trabajo, conmigo.
Estaba agotado
y también estaba desilusionado
de alguna manera que no podía identificar.
Y decidí tomarme un tiempo libre del trabajo.
El Ministerio de RR. EE. fue muy generoso.
Podías tomar unos permisos especiales sin sueldo, como los llamaban,
y seguir siendo parte del servicio diplomático, pero sin trabajar.
Era agradable.
Y finalmente, decidí tomar
una comisión de servicio para unirme a la ONU en Kosovo,
que en ese momento estaba bajo la administración de la ONU.
Y dos cosas sucedieron en Kosovo,
que como que, nuevamente,
muestran la aleatoriedad de la vida,
porque estas cosas resultaron ser
dos de los puntos de inflexión de mi vida
que me ayudaron a estar listo para la siguiente fase.
Pero fueron cosas al azar.
Una fue que, en el verano de 2004,
el gobierno británico, un poco en contra de su voluntad,
decidió realizar una investigación oficial
acerca del uso de la inteligencia sobre armas de destrucción masiva
en el período previo a la guerra de Irak,
un tema muy acotado.
Y yo testifiqué en secreto para esa investigación.
Había estado versado en la inteligencia sobre Irak
y sobre sus armas de destrucción masiva,
y mi testimonio a la comisión estableció tres cosas:
que el gobierno exageró la inteligencia,
la cual había sido clarísima durante todo el tiempo que la había visto.
Y, en efecto, nuestra evaluación interna había sido muy clara
que las armas de destrucción masiva de Irak
no representaban una amenaza para sus vecinos, y mucho menos para nosotros.
Segundo, el gobierno había ignorado todas las posibles alternativas a la guerra,
que en cierto modo
fue algo aún más vergonzoso.
No voy a entrar en lo tercero que dije.
Pero de todos modos, di ese testimonio,
y eso me llevó a una crisis.
¿Qué iba a hacer?
El testimonio criticaba duramente a mis colegas,
a mis ministros, quienes habían, en mi opinión,
habían perpetrado una guerra basados en una falsedad.
Y, entonces, estaba en crisis.
Y no era algo bonito.
Hablé mucho al respecto, dudé,
le hablé hasta el cansancio a mi sufrida esposa,
y, finalmente, decidí renunciar al Servicio de RR. EE. británico.
Sentí; hay una escena en la película "El Informante" de Al Pacino que pueden conocer,
donde vuelve al canal CBS
después de que lo han defraudado con lo del tipo de tabaco,
y dice, "Saben, yo no puedo seguir con esto. Algo se ha quebrado."
Y fue así para mí. Me encanta esa película.
Sentía que algo se había quebrado.
Realmente no podía sentarme de nuevo con mi ministro de RR. EE.
o con mi primer ministro con una sonrisa en la cara
y hacer lo que solía hacer para ellos con gusto.
Así que di un salto metafórico
y me tiré sobre el borde de un precipicio.
Y fue una sensación muy, muy incómoda y desagradable.
Y comencé a caer.
Y hasta hoy esta caída no ha parado;
todavía sigo cayendo.
Pero, de cierto modo, me he acostumbrado a la sensación.
Y, de cierto modo, como que me gusta
esta sensación mucho más
que estar parado encima del acantilado,
preguntándome qué hacer.
Una segunda cosa que ocurrió en Kosovo,
que como que; perdonen, necesito un poco agua.
Una segunda cosa que ocurrió en Kosovo,
que como que me entregó la respuesta,
que yo mismo no podía responder,
que era, "¿Qué hago con mi vida?"
Me encanta la diplomacia.
Ya no tengo carrera.
Esperaba que mi vida entera fuera ser diplomático, servir a mi país.
Quería llegar a embajador,
como mis mentores, mis héroes,
las personas que llegaron al tope de mi profesión,
y aquí lo estaba tirando todo por la borda.
Muchos de mis amigos seguían dentro.
Mi pensión estaba dentro.
Y lo dejé.
¿Y qué iba a hacer?
Y ese año, en Kosovo,
esta cosa terrible, terrible sucedió, y yo la vi.
En marzo de 2004, hubo unas protestas terribles
por toda la provincia -como se conocía entonces- de Kosovo.
18 personas murieron.
Era anarquía total.
Y es horrible ver a la anarquía,
saber que la policía y los militares
-habían montones de tropas allí-
en realidad no pueden parar la turba avasalladora
que viene acercándose por la calle.
Y la única manera de que esa turba se detenga
es cuando ellos decidan detenerse
y cuando ya hayan quemado y matado suficiente.
Y eso no es una sensación muy agradable de ver, y yo lo vi.
Y estuve dentro de ello. Pasé por las turbas.
Y con mis amigos albaneses, tratamos de detenerlo, pero fracasamos.
Y esos disturbios me enseñaron algo,
que no es inmediatamente obvio y es una historia un poco complicada.
Pero una de las razones que esos disturbios sucedieron
-esas manifestaciones, que duraron varios días, sucedieron-
fue porque la gente de Kosovo fue
privada de participar en las decisiones sobre su propio futuro.
Habían negociaciones diplomáticas sobre el futuro de Kosovo
sucediendo en ese momento,
y ni el gobierno de Kosovo, ni mucho menos el pueblo de Kosovo,
estaban en realidad
participando en esas conversaciones.
Estaba todo este rimbombante sistema diplomático,
este proceso de negociación sobre el futuro de Kosovo,
y los kosovares no formaban parte de él.
Y, curiosamente, estaban frustrados por eso.
Y parte de como manifestaron esa frustración fueron esos disturbios.
No fue la única razón,
y la vida no se forma de narrativas simples, de sólo una razón.
Fue una cuestión complicada,
y no digo que fuera más sencillo de lo que efectivamente fue.
Pero esa fue una de las razones.
Y eso como que me dio la inspiración;
o mejor dicho, para ser preciso,
le dio a mi esposa la inspiración.
Ella dijo: "¿Por qué no asesoras a los kosovares?
¿Por qué no asesoras a su gobierno con su diplomacia?"
Y a los kosovares no se les permitía un servicio diplomático.
No se les permitía tener diplomáticos.
No se les permitía una oficina de RR. EE.
para ayudarlos a lidiar con este proceso sumamente complicado,
que se conoció como el Proceso de Estatuto Final de Kosovo.
Así que esa era la idea.
Ese fue el origen de lo que se convirtió en Independent Diplomat
("Diplomático Independiente" en español), el primer grupo asesor diplomático
y, aún mejor, una organización sin fines de lucro.
Y comenzó cuando volé de regreso desde Londres
después de mi servicio con la ONU en Kosovo.
Viaje devuelta y cené con el Primer Ministro de Kosovo y le dije:
"Mire, le propongo venir y asesorarle sobre diplomacia.
Yo conozco sobre esto. Es lo que hago. ¿Por qué no vengo y le ayudo?"
Y él levantó su copa de raki y me dijo:
"Sí, Carne. Ven."
Y llegué a Kosovo
y aconsejé al Gobierno de Kosovo.
Diplomático Independiente terminó asesorando a tres sucesivos primer ministros de Kosovo
y al equipo de negociación multipartidista de Kosovo.
Y Kosovo se independizó.
Diplomático Independiente se ha establecido
en cinco centros diplomáticos en todo el mundo,
y estamos asesorando a siete u ocho
países diferentes, o grupos políticos,
dependiendo de como desees definirlos;
algo que a mí no me interesa tanto.
Estamos asesorando a los chipriotas del Norte sobre la forma de reunificar la isla.
Estamos asesorando a la oposición birmana,
al gobierno de Sudán del Sur,
que -lo oyeron aquí primero-
será un nuevo país dentro de los próximos años.
Estamos asesorando al Frente Polisario del Sahara occidental,
quienes están luchando para recuperar su país
de la ocupación marroquí
después de 34 años de no tener nación.
Estamos asesorando a las naciones islas en las negociaciones sobre el cambio climático,
lo cual se supone que debe culminar
en Copenhague.
Hay un poco de aleatoriedad aquí también
porque, cuando yo estaba empezando Diplomático Independiente,
fui a un evento en la Cámara de los Lores,
que es un lugar ridículo,
pero yo llevaba mi copa así, y me tropecé con
este tipo que estaba parado detrás mío.
Y empezamos a hablar, y me dijo que...
le conté lo que estaba haciendo,
y yo le dije grandiosamente que
iba a establecer Diplomático Independiente en Nueva York.
En ese momento sólo estaba yo,
y con mi esposa nos estábamos devolviendo a Nueva York.
Y él dijo: "¿Por qué no visitas a mis colegas en Nueva York?"
Y resultó que él
trabajaba para una empresa de innovación llamada "?What If!" (¿¡Qué pasa sí!?),
que algunos de ustedes probablemente conozcan.
Y una cosa llevó a la otra,
y terminé con un escritorio
en ?What If! en Nueva York,
cuando comencé con Diplomático Independiente.
Y viendo a ?What If!
desarrollar nuevos sabores de goma de mascar Wrigley
o nuevos sabores para Coca-Cola
me ayudó de verdad a innovar
nuevas estrategias para los kosovares
y para los saharauis del Sahara Occidental.
Y empecé a darme cuenta que hay diferentes maneras de ser diplomático,
que la diplomacia, como los negocios,
se centra en resolver problemas,
y que, sin embargo, la palabra innovación no existe en la diplomacia;
todo es juegos de suma cero y realpolitik
e instituciones antiguas que han estado allí por generaciones
y que hacen las cosas de la misma manera que siempre las han hecho.
Y Diplomático Independiente, hoy,
trata de incorporar algunas de las cosas que aprendí en ?What If!
Nos sentamos todos en una oficina y le gritamos al que está al otro lado.
Trabajamos en mini notebooks y reorganizamos la sala para cambiar cómo pensamos.
Y utilizamos expertos ingenuos
que pueden no saber nada acerca de los países involucrados,
pero pueden saber algo de otra cosa
para tratar de aportar ideas nuevas
para solucionar los problemas
que estamos tratamos de solucionar para nuestros clientes.
No es fácil, ya que nuestros clientes, por definición,
están pasando por un momento diplomáticamente complejo.
Se pueden obtener, no sé,
algunas lecciones de todo esto,
personal- y políticamente;
y, de cierto modo, son la misma cosa.
La lección personal
es que caer por un precipicio
es en realidad algo bueno, y lo recomiendo.
Y es algo que deberían hacer al menos una vez en la vida,
sólo romper todo lo conocido y saltar.
Lo segundo es una lección más importante sobre el mundo actual.
Diplomático Independiente es parte de una tendencia
que está surgiendo y se puede observar por todo el mundo,
que es que el mundo se está fragmentando.
Los estados tienen menor importancia que antes,
y el poder del Estado está disminuyendo.
Eso significa que el poder de otras cosas está aumentando.
Esas otras cosas se denominan agentes no gubernamentales.
Pueden ser las empresas,
pueden ser mafiosos, pueden ser ONGs buenas,
pueden ser cualquier cosa,
un montón de cosas.
Estamos viviendo en un mundo más complejo y fragmentado.
Si los gobiernos son menos capaces de
afectar a los problemas
que nos afectan en el mundo,
entonces eso quiere decir: ¿Quién queda para preocuparse de ellos?,
¿Quién tiene que asumir una mayor responsabilidad para resolverlos?
Nosotros.
Si ellos no pueden hacerlo, ¿quién queda para resolverlo?
No tenemos más remedio que aceptar esa realidad.
Lo que esto significa es que
ya no es suficiente
decir que las relaciones internacionales, o los asuntos mundiales,
o el caos en Somalia,
o lo que está pasando en Birmania no tiene que ver contigo,
y que los gobiernos se encargarán de eso.
Puedo conectar a cualquiera de ustedes
por seis grados de separación
con la milicia Al-Shabaab de Somalia.
Pregúntenme cómo después pero, curiosamente, si consumen pescado...
pero esa conexión existe.
Todos estamos conectados muy cercanamente.
Y no es sólo lo que dice Tom Friedman,
de verdad se puede demostrar en caso tras caso tras caso.
Lo que eso significa; en vez de pedirles a sus políticos que hagan algo,
deben mirarse a sí mismos para hacer lo necesario.
Y Diplomático Independiente es una especie de ejemplo de esto
de una manera medio extraña.
No son ejemplos perfectos, pero uno de ellos es el siguiente:
la forma en que el mundo está cambiando
se demuestra en lo que está pasando en el lugar que trabajaba,
el Consejo de Seguridad de la ONU.
La ONU se estableció en 1945.
Su carta fundamental fue diseñada básicamente
para detener los conflictos entre estados;
conflictos entre naciones.
Hoy en día, el 80 por ciento de la agenda
del Consejo de Seguridad de la ONU
trata acerca de los conflictos dentro de los estados,
que involucran participantes no-naciones;
guerrillas, separatistas,
terroristas, si quieren llamarlos así,
gente que no son gobiernos estándar, que no son estados normales.
Ese es el estado del mundo hoy en día.
Cuando me di cuenta de esto,
y cuando miro lo que hice en el Consejo de Seguridad
y lo que ocurrió con los kosovares,
y me di cuenta que a menudo
las personas que estaban más directamente afectadas
por lo que estábamos haciendo en el Consejo de Seguridad
en realidad no participaban, en realidad no fueron invitadas
a dar su opinión al Consejo de Seguridad,
pensé, esto está mal.
Se debe hacer algo al respecto.
Así que empecé de manera tradicional.
Mis colegas de Diplomático Independiente y yo
visitamos al Consejo de Seguridad de la ONU.
Visitamos alrededor de 70 estados miembros de la ONU
-los kazakos, los etíopes, los israelíes-
al que se imaginen, fuimos a verlos;
el secretario general, todos ellos,
y dijimos: "Esto está equivocado.
Es terrible que no incluyan a quienes les afecta realmente.
Hay que institucionalizar un sistema en
donde en verdad se incluya a los kosovares
para que vengan y digan lo que piensan.
Esto permitirá que me digan; que les puedan decir lo que piensan.
Va a ser excelente. Puede ser un intercambio.
Pueden incorporar las opiniones de estas personas en sus decisiones,
logrando que sus decisiones sean más efectivas y duraderas."
Pensarían que esto es super-lógico.
Quiero decir, increíblemente lógico. Tan obvio que cualquiera entendería.
Y, por supuesto, todos entendieron. Todos dijeron: "Sí, por supuesto, de acuerdo.
Vuelvan a vernos
en al menos seis meses más."
Y por supuesto, no pasó nada. Nadie hizo nada.
El Consejo de Seguridad realiza sus funciones
exactamente de la misma manera
que la hacía hace X años atrás,
cuando yo estaba allí hace 10 años.
Y entonces observamos este,
esencialmente, fracaso
y pensé, ¿qué podemos hacer al respecto?
Y pensé, ni muerto
voy a pasar el resto de mi vida
haciendo lobby para estos gobiernos mediocres
para hacer lo que se necesita hacer.
Entonces, lo que vamos a hacer
es que nosotros mismos vamos a fijar estas reuniones.
Así que ahora, Diplomático Independiente
está en el proceso de fijar reuniones
entre el Consejo de Seguridad de la ONU
y los participantes en los conflictos
que están en la agenda del Consejo de Seguridad.
Así que vamos a traer a
los grupos rebeldes de Darfur,
los chipriotas del norte y los chipriotas del sur,
los rebeldes de Aceh,
y un listado terriblemente largo
de conflictos caóticos por todo el mundo.
Y vamos a tratar de llevar a todos a Nueva York
para que se sienten en una habitación tranquila
donde tengan privacidad, sin prensa,
y que le expliquen lo que en realidad desean
a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU,
y que los miembros del Consejo de Seguridad
les expliquen lo que ellos deseen.
Para que realmente se produzca una conversación,
lo que nunca ha sucedido antes.
Y por supuesto, al describir todo esto,
el que sepa de política pensará que esto es increíblemente complejo,
y yo estaré totalmente de acuerdo.
Las probabilidades de fracaso son muy altas,
pero tengan por seguro que no va a suceder
si no tratamos de lograr que suceda.
Y mi visión política ha cambiado de manera fundamental
desde cuando yo era un diplomático hasta hoy,
ya que creo que los resultados importan, no el proceso,
y, francamente, tampoco importa mucho la tecnología.
Predíquenle de tecnología
a todos los manifestantes de Irán que usaron Twitter
y que ahora son prisioneros políticos en Teherán,
donde Ahmadinejad continua gobernando.
La tecnología no ha logrado un cambio político en Irán.
Tienes que mirar los resultados y decirte a ti mismo:
"¿Qué puedo hacer para lograr ese resultado específico?"
Esa es la política del siglo 21.
Y, de cierto modo, Diplomático Independiente
encarna esa fragmentación, ese cambio,
que nos está sucediendo a todos nosotros.
Esa es mi historia. Gracias.