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← El cuento japonés del erudito egoísta - Iseult Gillespie

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Showing Revision 10 created 09/22/2020 by Jenny Lam-Chowdhury.

  1. En la antigua Kioto, un erudito sintoísta
    vivía una vida sencilla,
  2. pero a menudo se distraía
    por el ruido de la ciudad mientras rezaba.
  3. Sentía que sus vecinos
    estaban contaminando su alma,
  4. y buscaba realizar algún tipo
    de harae personal:
  5. un ritual purificante que limpiara
    su cuerpo y su mente.
  6. Decidió viajar al venerado santuario Hie.

  7. El viaje fue una dura subida
    que duró todo el día.
  8. Pero se alegró por la soledad
    que le brindó
  9. y la paz que sintió
    al regresar a casa era profunda.
  10. El erudito estaba decidido a mantener
    esta claridad el mayor tiempo posible,
  11. y decidió realizar la peregrinación
    otras 99 veces.
  12. Caminaba solo, ignorando distracciones
    en su búsqueda de equilibrio,
  13. y nunca se desviaba de su propósito.
  14. Se mantuvo fiel a su palabra,
    y cuando los días se volvieron semanas,

  15. caminó bajo la lluvia torrencial
    y el sol abrasador.
  16. Con el tiempo, su devoción reveló
    el mundo invisible de los espíritus
  17. que existe junto al nuestro.
  18. Comenzó a sentir los kami,
    que animaban las piedras bajo sus pies,
  19. la brisa que lo refrescaba,
    y los animales que pastaban en los campos.
  20. Aún así, no habló con nadie,
    ni con espíritus ni con humanos.

  21. Estaba decidido a evitar el contacto
    con quienes se desviaron del camino
  22. y se contaminaron con kegare.
  23. El tabú de la corrupción pesaba
    sobre los enfermos y los fallecidos,
  24. y aquellos que corrompían la tierra
    o cometían crímenes violentos.
  25. De todas las amenazas
    a la búsqueda de pureza del erudito,
  26. el kegare era la más grande por mucho.
  27. Luego de expresar su respeto
    por octogésima vez,

  28. se dirigió a su casa una vez más.
  29. Pero cuando oscureció,
    escuchó sollozos en el aire nocturno.
  30. El erudito intentó seguir adelante
    e ignorar los quejidos
  31. pero los lamentos desesperados
    lo abrumaron.
  32. A regañadientes, dejó su camino
    para seguir el sonido hasta su fuente.
  33. Pronto, encontró una estrecha cabaña
    con una mujer desplomada afuera.

  34. Lleno de compasión, el erudito le pidió
    a la mujer que compartiera su dolor.
  35. Le contó que su madre acababa de morir,
  36. pero nadie quería ayudarla
    con el entierro.
  37. Al escuchar eso,
    se le cayó el alma a los pies.
  38. Tocar el cuerpo corrompería su espíritu,
  39. gastando su fuerza vital
    y dejándolo abandonado por los kami.
  40. Pero al escuchar los lamentos de la mujer,
    su compasión aumentó.
  41. Y así, enterraron a la anciana juntos,
  42. para asegurarle un pasaje seguro
    al mundo de los espíritus.
  43. Terminaron el entierro, pero el tabú
    de la muerte pesaba mucho en el erudito.

  44. ¿Cómo podía haber sido tan imprudente
  45. como para eludir su regla más importante
    y corromper su viaje divino?
  46. Tras una noche atormentada,
  47. decidió volver al santuario
    para purificarse.
  48. Para su sorpresa,

  49. el usualmente tranquilo templo
    estaba lleno de gente,
  50. todos alrededor de una médium
    que se comunicaba con los kami.
  51. El hombre se escondió, sin acercarse
    por si alguien viera su alma contaminada.
  52. Pero la médium tenía otras formas de ver
    y lo llamó desde la multitud.
  53. Listo para ser abandonado,
    el erudito se acercó a la santa mujer.

  54. Pero la médium solo sonrió.
  55. Tomó sus manos impuras sobre las suyas
  56. y susurró una bendición
    que solo él podía oír,
  57. agradeciéndole su bondad.
  58. En ese momento, el erudito
    descubrió un gran secreto espiritual:
  59. la contaminación y la corrupción
    son dos cosas muy diferentes.
  60. Lleno de conocimiento,
    el erudito se puso en marcha otra vez.

  61. Pero esta vez, se detuvo a ayudar
    a quienes se encontró por el camino.
  62. Empezó a ver allá por donde pasaba
    la belleza del mundo de los espíritus,
  63. incluso en la ciudad que antes rechazaba.
  64. Otros le advertían
    que se arriesgaba al kegare,
  65. pero nunca les dijo por qué
    se relacionaba tan libremente
  66. con los enfermos y los desfavorecidos.
  67. Porque sabía que en realidad
    solo podrían entender el harae
  68. a través de un viaje propio.